viernes, 12 de diciembre de 2008

en la consulta.


18: 15 pasò el auto a mi casa y dentro iba pato y su abuela.
Llegamos a la consulta traumatológica, fumamos un poco con pato y entramos.
Aquí dentro ocurrió algo que en días no pasaba sonreí con una lectura (y yo que pensaba que solo lo mió me hacia reír, pero me equivoque).
Tome una de esas estupidas revistas que ponen en las mesas de centro mientras uno espera. Ojo que por lo general son solo revistas que vienen con los diarios, como si los chilenos no leyéramos esas revistas es mas es lo único que leemos pero en fin.

- Gran fue mi sensación éxtasis de alegría y aventura al leer.

Treinta y uno por Consuelo Aldunate.

LA MAR NO ESTABA SERENA.

No sé si los hombres huelen las intenciones –buenas y malas- pero hoy en la mañana, recibí un mail bastante clínico de parte del Hombre en que me pedía que conversáramos largo y tendido, porque me encuentra “rara”. Me dieron ganas de responderle que normal no he sido nunca y que sería de lo más extraño que a estas alturas me convirtiera en una persona común y silvestre, y que siempre he considerado que la normalidad está sobrevalorada y un montón de excusas absurdas para patear la discusión hacia otra cancha y evitar que conversemos sobre lo que pasa y no pasa entre nosotros.
Así las cosas, nos pusimos de acuerdo de vernos las caras en vivo y en directo, y como sé cuáles son mis debilidades, escogí territorio neutro. Ni mi casa ni la suya: mejor nos vemos en La mar, en Nueva Costanera, porque soy de las pocas personas que no se han sentado todavía a alabar las bondades de su cocina. OK, ocho en punto me estaciono a dos cuadras, enciendo un cigarro y ordeno mis argumentos. No estoy enojada ni sentida, simplemente no estoy. Retoco el brillo labial y reviso mi celular para ver si alguien ha intentado comunicarse conmigo. Nada de nada. Cierro el auto y camino hacia el lugar de los hechos. Las piernas me tiritan. Nunca he sido buena para los enfrentamientos. No sé a qué vengo. Pero intuyo que algo debo interesarle al sujeto; sino, simplemente, me dejaría con mis rarezas en paz. Respiro profundo y entro buscando al Hombre. Evidentemente que no ha llegado.
Enciendo un cigarro y pido una copa de vino, mientras me dedico a mirar las mesas que me rodean. Por Dios que hay harta gente enamorada en primavera. O los mariscos de verdad son afrodisíacos, o este lugar tiene más feromonas por metro cuadrado que los otros lugares de Santiago. La copa de vino se termina y cuando voy a dar por terminada la velada, llega el Hombre. Tiene el ceño fruncido, y en ese par de segundos que se demora, me doy cuenta que no quiero perderlo. Es cierto, no lo tengo, pero al menos algo es algo. Decido reptar si es que es necesario pero el Hombre no se me escapa.
Nos sentamos frente a frente y después de saludarnos con la falta de cordialidad reservada para los candidatos rivales, nos pedimos una botella de vino y me dice que desde hace un tiempo, me siente lejana. Obvio, le respondo, si estoy lejos: me echaste de tu casa y con eso es imposible que estemos en mejor pie. Entonces veo que se me sulfura y me dice que la idea fue mía, que está cansado de las minas que dicen una cosa y que hacen otra, que no me cree nada lo que digo porque ya sabe que me la he pasado poniéndole pruebas, a ver si las pasa correctamente, y que para andar por campos minados prefiere que dejemos las cosas hasta aquí no más y si te he visto, prefiero ni acordarme. Me quedo muda, porque esperaba que la negociación partiera más favorable para mi lado, y después de fumarme un cigarro más pensando en qué respondo. Dónde están los libretos de las películas cuando uno necesita utilizarlos para beneficio propio. Siento cómo se vienen acercando los pucheros y entre llorar en público y salir arrancando, es bastante obvia mi salida más digna. Tomo mi cartera y le digo que se quede tranquilo. No voy a seguir sometiéndolo a pruebas porque simplemente, creo que buscamos cosas distintas. Pienso que el gesto correcto sería darle un beso en la mejilla antes de salir de su vida pero las lágrimas me la ganan. Me paro antes que se me noten y parto. Lo escucho que me alega que soy una melodramática y que ni siquiera le estoy dando la posibilidad de responder pero de verdad, ¡qué puede decirme a estas alturas que me haga sentir mejor?
Prácticamente, nada. Porque necesito escucharme a mí primero, antes de seguir cometiendo el mismo error una y otra vez.


Pdta: decir que este es un pequeño y estupido homenaje para consuelo aldunate por el momento de alegría que me hizo pasar. Y demás esta decir que podría escribir en este minuto cosas mías, pero a veces nos ponemos muy egocéntricos y olvidamos la esencia de la vida, pasamos tanto tiempo mirando hacia dentro que olvidamos lo fundamental. EXISTE MAS FELICIDAD EN DAR QUE EN RECIBIR, CONCEPTO BASICO.no al egocentrismo.

0 comentarios: